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6 segundos


Texto: @hipopotamer
Ilustración: @rayosalvaje



Nunca se le dieron bien los abrazos. Sí, rodeaba con los brazos a la otra persona, pero con tal flojera y desgana que ambos contaban los segundos hasta separarse de nuevo. Joder, ¡qué distante podía sentirse todo a un roce de distancia!

Aprender a abrazar no es fácil. Fue un proceso un tanto raro. Fueron muchos ensayos, muchos errores, pero sobre todo mucha práctica con aquellas personas que albergan todo un universo entre sus brazos hasta que llegó a la fórmula perfecta: apretar con la fuerza de un «tenía ganas de verte», aguantar el tiempo que dura un «qué bueno este rato contigo» y soltar justo para un «no tienes obligación de quedarte».

Y cuando empezó a disfrutar de los abrazos, llegó.

Tres meses sin ver a nadie.

Sin tocar.

Sin abrazar.

Con la firme prohibición de acercarse a más de dos metros de otra persona.

Tres meses mirando por la ventana como mira un niño un día de lluvia con la cometa en la mano.

Y se prometió que cuando acabase esto, elegiría muy bien a quién saludaría a distancia y a quién abrazaría.

Y se prometió que todos sus abrazos durarían, como mínimo, 6 segundos. Lo que dura un «tenía ganas de verte, qué bueno este rato contigo y no tienes obligación de quedarte».