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Brillo


Texto: Aurora López
Ilustración: @paskrod



Sentada en el porche de la casa de campo donde hace años pasamos el confinamiento, miro las preciosas vistas de la sierra de Orihuela y recuerdo la sensación de seguridad. Aquí estaba a salvo.

Mi nieta Marta interrumpe mis pensamientos:

—Abuela, cuenta otra vez cuando estuvimos encerradas.

—Pues tú tenías casi tres años y jugabas con una bolita de silicona con flecos amarillos que nos lanzabas gritando con tu media lengua «¡peligro, peligro, coronavirus!» y nos reíamos del virus, que maldita la gracia. Hicimos bizcochos y monas y cogimos muchos ramos de margaritas silvestres. La verdad es que no lo pasamos tan mal. Estuvimos mucho tiempo juntas y, cuando salimos, el aire era más limpio, los animales más libres, de nuestros granados brotaron las flores más rojas y bonitas y la luz brilló con tanta fuerza que tocó a muchas personas y las hizo brillar como nunca.

Solo espero que nunca se apague ese brillo, como el que tienen los ojos de Marta mientras le cuento cuando estuvimos encerradas.