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Brote y rebrote


Texto: Jaume Ros
Fotografía: @carlosbretones



No recordaba cómo había llegado el libro a casa pero, una limpieza a fondo durante el confinamiento, lo había hecho aparecer. De poco más de 60 páginas, explicaba cómo convertir un balcón en un vergel biodinámico donde cultivar todo tipo de verduras y hortalizas. Su conocimiento, recién adquirido, y una vaina de guisantes espigados que le había colado el frutero, lo convirtieron en un minifundista de riego programado a la hora de los aplausos. Fueron días de ver germinar y crecer las plantas, de hacer infusión de ajo para combatir al pulgón verde e iniciar una guerra contra los gorriones que, tras dejar varias migas a modo de amenaza junto al macetero, pasaron a picotear los brotes.

De todo aquello hacía más de tres meses y  hoy, para celebrar que por fin entraban en la nueva normalidad, saltearía los guisantes de balcón de su recién recogida cosecha. Pero antes había bajado al supermercado. Mientras intentaba respetar la distancia en la cola de la charcutería para comprar 100 gramos de jamón ibérico cortado muy fino, miró de reojo a su cesta de la compra y por un instante se sintió culpable. Junto al vino blanco y un pequeño queso de pasta blanda había dejado caer un sobre de semillas de tomate, otro de guindillas y uno de zanahorias. De momento todo iba bien, ¿pero y si había un rebrote?