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El invitado


Texto: @victorizquierdo
Fotografía: @mariano_herrera_



Volvió a sonar el timbre de la puerta y Tonilo bajó las escaleras corriendo para abrir. El nombre de Tonilo se puso muy de moda en 2031 por aquel cantante que actuó y ganó Euroasiavisión. De repente hubo un auténtico boom de Tonilos en España y Cataluña. Y mi hermano era uno de ellos.

Yo seguía encerrado en mi cuarto. Hasta que no estuvieran todos los invitados, no pensaba bajar. Para qué. Por debajo de la puerta se colaba una mezcla de olores a todos los platos que mi madre estaba cocinando. Croquetas, fijo. Y eso otro podría ser chicharrón de pollo a la cantonesa y limón a las cinco especias chinas. Pero no estoy muy seguro.

Quien tocaba el timbre era mi tía, que también habíamos invitado al cumpleaños de Tonilo. Con ella venía un amigo suyo que nunca habíamos visto. Y por lo que después dijo mi madre, tampoco invitado.
Se llamaba Fernando. Un tipo delgado que hablaba por los codos, de unos cuarenta, y con mucho sentido del humor. Lo sé porque me tocó sentarme a su lado en la comida y no paraba de hacer bromas. Repitió tortilla tres veces. Esto está de muerte, doña Emilia. La verdad es que la tortilla de mi madre está espectacular. Uno nunca se cansa de comerla, aunque a uno a veces se le olvida recordarle lo rica que está. Yo prefiero mil veces una tortilla que una tarta en mi cumpleaños. Igual en el futuro todo el mundo piensa igual que yo.

* * *

Tonilo abrió la puerta. Siempre quería abrir la puerta. Yo no sé qué manía. Era una mensajera de Seur con una carta holográfica certificada. ¡Mamá! ¡Es para ti! Yo seguía en mi cuarto, para variar, pero bajé cuando escuché los gritos de alegría.
Resulta que aquel supuesto amigo de mi tía era uno de ellos. Desde que decidieron incorporar también a cocineras y cocineros domésticos, tuvieron que ingeniárselas mucho para no ser descubiertos. Tanto como para infiltrar a alguien en el cumpleaños de un niño de ocho años. Y allí salió el juez Fernando de la pantalla, igual de simpático que cuando vino a casa aquel domingo, comunicando a toda la familia la gran noticia: La primera estrella Michelin para mi madre, Doña Emilia Lorenzo de las Cuevas.