︎

El mu(n)do


Texto: @pepitahuertas
Ilustración: @nagatayakyoto




Lo curioso es que se despertó con ese sonido y no el otro. La lavadora había terminado con la colada de ropa de color a las 00:34. Y pitó para reclamar un poquito de atención, claro. ¡No iba a quedarse ella con toda esas prendas en la barriga!

Deshizo el ocho que había hecho con su cuerpo en el sofá y fue medio zombi a mirar a través de la puerta redonda de la máquina. Pues sí, terminado. Hizo una bola con la ropa húmeda —porque para qué buscar ahora dónde está la palangana si el chupito de sueño en el sofá le estaba pegando aún fuerte— y la llevó hasta su tendedero. Estaba en uno de sus balcones y encajaba perfecto. Calcetín. Pinza. Bragas. Pinza. Camiseta. Pinza. Pinza. El otro calcetín. Pinza. Espera. ¿Qué es eso?

¿Pájaros? Sí, son pájaros. ¿Cantando? Sí, eso parece. ¿Por la noche? Luna creciente y está oscuro.

Joder, qué pasada. Sabía que las cosas habían cambiado desde entonces. Ya no mandaban los de siempre. Había flores a mansalva. Cielos de esos que no necesitas esperar a que vuelva a llover para hincharte los pulmones. Silencio. No sé, esas cosas a las que habíamos callado con ruido de motores. Y mira, nos hablan. Aunque quizá siempre lo hicieron. Pero les dimos por mudos. Y más a estas horas, entiéndeme. Nos creemos que todos callan cuando no queremos escuchar. Pero shhhhh. Cállate tú un rato. Sí, sí. Tú. Shhhhh. Escucha. Dicen «gracias», creo.