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La cita del viernes


Texto: @m.incendiaria
Fotografía: @ripoll_claudia
 

Se despertó de la siesta con los gritos de la calle.

Había dormido demasiado, estaba oscureciendo y notaba que el cuerpo le pesaba el doble. Se asomó con medio ojo cerrado a la ventana a ver de dónde venía semejante escándalo. Era un grupo de adolescentes, arregladas y eufóricas camino del centro, porque claro, era viernes por la noche.
Candela sonrió para sí y fue a la cocina a hacerse un té de rooibos. Estaba enganchada desde que su amigo Pau se lo recomendara durante el confinamiento y se había vuelto adicta. Cogió el libro que se estaba terminando de su mesilla. Estaba empezando a ponerse nerviosa porque no le quedaban libros sin leer en casa, pero aun así se fue a la terraza.

Después de leer un rato se dio cuenta de que no le estaba prestando atención. Aparcó el libro y se puso a buscar el último programa de Jamie Oliver. Alguna idea sacaría para hacer de cenar, tenía hambre y era viernes. Se merecía un homenaje.
Mientras cocinaba, con el disco de Tom Waits sonando y su copita de vino tinto, no paraba de pensar en lo bien que se sentía. Desde que acabó el confinamiento no paraban de ofrecerle planes, pero ahora siempre dejaba el viernes noche libre. Los viernes tenía una cita con ella misma.