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La famosa


Texto: @mariocarruiz
Ilustración: @pacotuercas



Blanca se pasó los primeros veinte años de su vida queriendo ser famosa y los diez siguientes queriendo dejar de serlo. Odiaba con todas sus fuerzas ser un personaje público. «Ninguna persona es un personaje, ni público ni privado», dijo en su segunda visita a El Hormiguero.

Todos los días, antes de dormir, Blanca soñaba que podía pasear tranquila por la ciudad. Sin fans. Sin fotos. Sin trendings ni topics.

A veces incluso se metía en Google Street View y paseaba por las calles arrastrando el ratón. Siempre empezaba en Atocha y subía por el Paseo del Prado. Después avanzaba por Gran Vía hasta llegar al Primark. Y entonces se quedaba ahí parada, soñando con entrar a esa tienda gigante del centro de Madrid. «Los famosos soñamos cosas muy raras», dijo en su quinta visita a El Hormiguero.

Blanca solo soñaba con volver a ser anónima. Como los alcohólicos, los ludópatas o los adictos al sexo. Y de la noche a la mañana y, sin hacer ella nada por conseguirlo, volvió a serlo. Porque llegó un virus que nos hizo a todos un poco más iguales. Aunque no fue el virus en sí, sino las mascarillas que ahora todos tenemos que llevar en la cara.

Ahora en la calle no hay famosos, todos somos anónimos. Incluida Blanca, que todos los días camina desde Atocha hasta el Primark sin que nadie sepa quién es. Siempre con su mascarilla bien puesta. Y siempre con sus gafas de sol negras. Que aunque ahora no la reconozcan, una nunca deja de ser famosa.