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Los Once Fantásticos


Texto: @xavidaura
Ilustración: @marctorices



Mercedes me lo cuenta todo mientras pela patatas en la cocina del hotel.

Su primera aparición fue hace cinco años, cuando el confinamiento de 2026, y se llevó 17 mil euros. No eran los 200 mil del premio grande, pero ya le valía. Se compró un dron de los caros para ver rincones de su pueblo a los que no llegaba andando. El resto del dinero lo repartió entre los concursantes que no se habían llevado nada.

Después de la tercera pandemia la gente dejó de hacer planes, así que qué mejor que repartir un dinero que todos saben que no te hace tanta falta, me dice.

A mí me han cogido por saber imitar la cara de todos los emojis que existen. A ella por su gracia tocando la zambomba; dio tanto juego en su momento que ahora la han vuelto a llamar. Mercedes es mi nueva amiga en esta aventurilla en la que me he embarcado: la novena edición del Ahora Caigo Especial Confinamiento.

Todo empezó en el 2020, cuando Ahora Caigo se tuvo que adaptar como cualquier programa a las condiciones del COVID-19. Para entonces todavía estábamos descubriendo pasito a pasito cómo funcionaba esto de las pandemias. ¡Qué tiempos!
El concurso se grabó sin público (algo inconcebible antes de 2020), y para no depender de transportes ni permisos de movilidad, producción decidió que iban a grabar con los mismos concursantes durante un mes. Once elegidos que tuvieran disponibilidad para irse a vivir un mes a un NH en las afueras de Barcelona. Todo pagado y con opción a ganar premios en cada programa. Concursaban todos contra todos a lo largo de veinte programas, y quien lograba tumbar a más oponentes se llevaba el premio final de 200 mil euros. Lo llamaron Especial Once Fantásticos.

Lo que se planteó como un experimento derivó en un producto de entretenimiento muy válido, y para el gran rebrote de 2021 Ahora Caigo repitió formato, ahora ya oficializándolo como Especial Confinamiento. Esta vez duró dos meses.

A partir de 2022 en el mundo se normalizó que cada año hubiese una nueva pandemia, y los confinamientos cada vez eran más largos. Hasta el punto en que el Especial Confinamiento terminó durando diez meses, toda la temporada. Pasó a ser la nueva vida de los concursantes.
No es un reality, aunque los espectadores acaban conociendo a los participantes; y sí es un concurso, pero sin duda el menos competitivo de la historia. Llegados a cierto punto todos nos olvidamos de a qué hemos venido. Aquí lo que importa es el cachondeo. El plató es la plaza mayor de un pueblo en plena verbena después de un apocalipsis. Como unas convivencias de verano en medio de la nada. Once concursantes divirtiéndonos con Arturo Valls en un descampado televisivo. El decorado mantiene las gradas aunque ya no haya público, esos asientos vacíos le dan un aire de nostalgia entrañable al show.

Somos un grupo de personas de distintas edades y procedencias conviviendo en un hotel. Jugando y bailando, en la intimidad y en las pantallas. Mi nueva familia. Algunos se enamoran, otros se discuten. Todos caemos por el agujero en algún momento. Pero a ninguno nos importa el resultado ya.