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Los confinamientos del futuro


Texto: @laurallopis
Ilustración: @offbeatestudio



Todos los años, el primer domingo de marzo, los ancianos se congregan en la plaza principal de su ciudad o pueblo para conmemorar el anuncio del confinamiento de 2020. Dicen que, gracias a la pandemia de aquel año, sus vidas, y las de todos los seres que habitaban el planeta Tierra, cambiaron. 

Entonces tuvieron que encerrarse en casa durante tres meses pues un virus amenazaba la supervivencia de la humanidad. Además, el planeta estaba al borde de la extinción y aquella pandemia, paradójicamente, lo salvó. 
Mientras estaban confinados, unos seres extraños se dedicaron a limpiar los mares, restaurar hábitats, reconstruir pueblos abandonados y rescatar especies en peligro de extinción. En los años siguientes, estos seres tomaron el control y aseguraron que el equilibrio de la Tierra no se viera alterado. 

Al principio, las personas se rebelaron, aunque poco a poco empezaron a sentir los beneficios de aquella intervención. Unos cuantos jóvenes de diferentes países, prácticamente niños, se fueron uniendo a aquella revolución, hasta liderarla, y con el tiempo les siguieron muchos, de todas las edades. 
Desde entonces, cada año, los ancianos, artífices de aquella transformación, dedican un día a explicar a los más pequeños cómo su tenacidad y su visión de mejorar el mundo, fue el inicio de aquel cambio.

Concluida la jornada de recuerdo, celebran un confinamiento voluntario. La gente está deseando que llegue porque es el día más especial del año, más que la Navidad o cualquier otra fiesta. Ese día, algo prohibido durante años, se repite en todas las casas. Incluso aquellos que están solos se organizan con otras personas para pasar el día juntos. Esa fiesta se llama “el confinamiento de los abrazos”.