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Mercalandia


Texto: @jrgherrero
Ilustración: @evangelisti_y_cia



8:57 a. m., ¡qué nervios! Las puertas del supermercado están a punto de abrirse y soy la tercera en la cola, por detrás de un par de frikis que han pasado la noche acampados en mitad de la acera. Menos mal que me pedí el día libre en el teletrabajo... Ocasiones como esta no se le presentan a una todos los días. Faltan solo dos minutos y cincuenta segundos para el estreno mundial de la última atracción de Mercalandia: el Aguacate Splash.

Anoche no pude ni dormir, pero aquí estoy, como una campeona, con mi flamante camiseta de Mercalandia «limited edition», mi gorra en forma de aguacate (con mascarilla y guantes de nitrilo a juego) y, cómo no, un magnífico ejemplar de algodón de azúcar que me saca dos palmos de altura. Sabor aguacate, obvio.
Desde lo de 2020, hacer la compra se ha convertido en el principal divertimento para la población y, por ende, los supermercados son ahora los nuevos parques temáticos. Tenemos luces de neón en cada lineal, casetas de tiro al plato precocinado, animadores disfrazados de brócoli, espectáculos de corte y envasado en vivo, y hasta una montaña rusa para carritos de la compra que, sinceramente, no da tanto vértigo como prometían. Eso sí, la sección de congelados es lo más. Me declaro fan absoluta del holograma de salmón noruego que baila claqué. Aunque la fama recaiga sobre la gamba trapecista, el número del salmón es, con diferencia, mi favorito. No sé muy bien por qué, pero ese pescado me da buen rollo, supongo que la receta de salmón al horno en papillote que preparaba mi abuelo tendrá algo que ver...
¡OMFG! ¡Ya abren!

Espero que en un día me dé tiempo a todo... El Aguacate Splash es un must, claramente, pero yo no me largo de aquí sin subir al menos tres o cuatro veces al Spaghetti Tornado. O sin hacer el tour completo por el Castillo de Yogures, que la última vez lo dejé para el final y se me caducó el ticket. Ah bueno, y que no se me olvide comprar las cervezas o la mamá me cruje.