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Nosotros


Texto: @miquelpoveda
Ilustración: @mai_kilo



Anosotros también nos cambió la vida (o, mejor dicho, la no muerte).

Añoro el frenesí de antes. Cuando salía a las calles, saturadas de luces de neón y risotadas, un festín inabarcable se mostraba obscenamente ante mí.

Riadas de teenagers que lo habían dado todo en la hora feliz, algún grupete de chicas con rosáceos artilugios en la cabeza, humanidades rebosantes de grasa con calcetines blancos y una jarra de cerveza en la mano… Un auténtico bazar de oportunidades, todas las noches.

Trasladarme a ese lugar fue mi mejor decisión. Cuando conocí los sueños de aquel alcalde que visitaba a Franco con su Vespa, supe que allí estaba mi futuro.
Pasé de residir en una helada e inhóspita cripta centroeuropea a hacerlo en un escondido desván al que le llegaba el calor y los aromas de un cercano restaurante chino.

Bastaba con otear el horizonte para realizar un rápido casting y seleccionar la presa. Poco después el trabajo estaba hecho. Siempre de manera eficiente. Sin que nadie se percatara de nada. La fiesta debía seguir y seguía.

Pero todo acabó cuando esa perversa epidemia se sumó al jolgorio. Las calles se vaciaron. Las noches se oscurecieron.

A nosotros no nos podía matar, claro está, pero se comprobó que en ocasiones provocaba una repentina parálisis temporal en nuestras extremidades. Algo muy molesto cuando te impedía levantar la tapa y salir al exterior, pero realmente dramático si, transfigurado en murciélago, te pillaba volando.
Tuvimos que tomar precauciones. Si ya era difícil encontrar alimento nocturno por las calles, además debíamos asegurarnos de que la víctima no estaba infectada. Todo un problema cuando a la mayoría de esos malditos no les habían hecho test rápidos ni PCR. Esa chica de mofletes sonrosados y aspecto lozano podía acabar siendo un torpedo contra nuestra salud espectral.

No nos quedó otra. De aristócratas adictos al exceso y el caos, pasamos a ser meticulosos y discretos profanadores de datos en los centros de salud. Cada noche nos adentrábamos en ellos para rastrear la información de las personas que habían dado negativo. Después debíamos encontrarlas…